El azúcar se disolvió en el té y, de repente, con un solo movimiento, volvió a juntarse en la cuchara. En una cocina normal, esto no se ve: la viscosidad y el desorden lo impiden. Pero en el mundo de los movimientos ultralentos, donde la inercia desaparece, trucos así se vuelven realidad.
Los físicos tomaron una nube de átomos fríos en una trampa magneto-óptica: una caja invisible que retiene las partículas con luz y campo magnético. Aplicaron una fuerza a la nube mediante un campo magnético que variaba suavemente y observaron cómo se reordenaban los átomos. Luego invirtieron la fuerza. A pesar de toda la complejidad de los movimientos tridimensionales, la nube volvió exactamente a su forma inicial. Es como rebobinar una película: cada partícula recorrió su camino en orden inverso.
Pero la reversibilidad no era perfecta. Con cierta configuración de la trampa, los científicos notaron desviaciones: el sistema parecía 'atascarse' y no volvía por completo. Esto recuerda a la histéresis: el fenómeno en el que el estado depende de la historia previa, como en un pestillo magnético. Estos fallos resultaron ser una herramienta valiosa para estudiar sistemas donde la energía se disipa rápidamente.
Volvamos al té con azúcar. En una taza normal, remover es irreversible, pero en el micromundo, donde la fricción juega el papel principal, se puede lograr que las partículas regresen. Este experimento demostró que incluso los átomos que interactúan entre sí pueden exhibir una reversibilidad precisa si se eligen las condiciones adecuadas. Y cuando la reversibilidad se rompe, tenemos la oportunidad de estudiar cómo surge la irreversibilidad en la naturaleza.
La trampa magneto-óptica enfría los átomos a temperaturas de millonésimas de grado por encima del cero absoluto, más frío que el espacio interestelar.
En la novela 'El contrato de Faraón' de Ray Bradbury se describe una máquina del tiempo que funciona según el principio de inversión de la entropía, casi como en este experimento, pero para todo el universo.