En este trabajo se estudia cómo la «fórmula de la isla» (un método para explicar la conservación de la información en los agujeros negros) funciona en modelos de «bolas peludas» (fuzzballs), donde el horizonte de sucesos se sustituye por una frontera reflectante. En un modelo bidimensional, dicha frontera da lugar a una «isla parpadeante», lo que crea un análogo de la paradoja de la información. En dimensiones superiores, las islas dependen fuertemente de la posición de la frontera reflectante y a menudo están ausentes. Incluso en geometrías de cuerdas realistas (superestratos, soluciones de burbujas), las islas no están garantizadas: su existencia requiere un comportamiento especial del área cerca del centro.
Un agujero negro suele representarse como un abismo con un límite sin retorno. Para salvar la información, que según las leyes cuánticas no puede desaparecer, los físicos reemplazaron ese límite por un ovillo peludo de cuerdas microscópicas. Los datos que caen quedan impresos para siempre en sus hilos entrelazados. Recientemente, surgió la idea de añadir dentro del ovillo islas de entropía — pequeñas regiones donde la información oculta de repente se vuelve visible, como un nudo que asoma un instante entre la lana enredada. Pero los cálculos muestran que, según la estructura de la superficie reflectante del ovillo, estas islas se comportan de manera caprichosa. Parpadean: aparecen y enseguida se hunden de nuevo, como si alguien estuviera tirando de los hilos.
En modelos más precisos, que tienen en cuenta la curvatura del espacio cerca del ovillo, las islas ni siquiera aparecen. El agujero negro esconde sus secretos de manera fiable, y el enigma planteado por Stephen Hawking y Jacob Bekenstein se vuelve aún más profundo.
🎯 Desde fuera, este ovillo se ve exactamente igual que un agujero negro normal. Solo se pueden distinguir por los temblores cuánticos cerca del horizonte, tan sutiles que por ahora es imposible detectarlos.