Inflas un globo. Al principio se expande rápido, luego más lento, y de repente vuelve a acelerarse, como si alguien le diera más aire con la bomba. Eso es, precisamente, lo que parece estar ocurriendo con nuestro universo. Los astrónomos de la colaboración Dark Energy Survey (DES) han mirado hacia el pasado del cosmos con dos 'reglas': las ondas sonoras del universo temprano y las explosiones de supernovas. Ambas reglas muestran que la velocidad de expansión en distintas épocas no encaja con el esquema habitual.
El modelo estándar, llamado ΛCDM, describe la energía oscura como una constante cosmológica: una fuerza inmutable que hace que las galaxias se separen cada vez más rápido. Pero los datos de DES, combinados con las observaciones de la radiación cósmica de fondo (una especie de 'fotografía de bebé' del universo), indican una desviación de aproximadamente 3 sigmas. No es un grito de '¡eureka!', pero tampoco un susurro: la probabilidad de que sea una fluctuación aleatoria es baja, aunque no se descarta. Parece que la energía oscura no es tan constante: podría cambiar ligeramente su fuerza, como un resorte que se comprime y se estira.
Si esta pista se confirma con futuros experimentos, los cosmólogos tendrán que reescribir los libros de texto. El universo resultaría más vivo e impredecible de lo que pensábamos. Su destino —expansión eterna o posible contracción— dependería de los caprichos de la energía oscura. Mientras tanto, seguimos observando supernovas lejanas y escuchando el eco del Big Bang, tratando de entender quién está inflando nuestro globo cósmico.
A la energía oscura a veces se la llama 'el mayor misterio de la física': constituye alrededor del 70% de todo el contenido del universo, pero todavía no sabemos qué es.
En la novela 'El problema de los tres cuerpos', de Liu Cixin, los alienígenas intentan detener la expansión del universo para sobrevivir en una era en la que la energía oscura se vuelva demasiado fuerte.