El telescopio James Webb observó que las galaxias distantes (edad <0.5 mil millones de años) brillan en el ultravioleta y apenas están oscurecidas por polvo, pese a la abundancia de gas. Su polvo proviene de supernovas, es semitransparente (como vidrio esmerilado) y poroso, dejando resquicios a los fotones. Con una opacidad de ~10^3–10^4 cm²/g, la atenuación es débil, lo que explica la relación masa-absorción y el exceso de brillo UV. El polvo temprano no llegó a ser una pantalla densa.
El telescopio JWST detectó muchas galaxias brillantes en el Universo joven. Su luz ultravioleta apenas era absorbida por el polvo cósmico — contrariamente a las expectativas previas. El secreto es que en los albores del cosmos, el polvo nacía en explosiones de supernovas y era transparente, como un limpio vidrio de ventana.
Cuando las galaxias maduran, las partículas de polvo se aglutinan y crecen, convirtiendo esa barrera transparente en densas cortinas que atenúan la luz. Por eso las galaxias antiguas brillan con tanta intensidad: su luz atravesaba libremente el polvo aún no enturbiado. Con el tiempo, ese mismo polvo se vuelve opaco, lo que explica completamente las observaciones sin necesidad de hipótesis exóticas.
🎯 Las partículas de polvo de las supernovas son cientos de veces más pequeñas que la longitud de onda ultravioleta: la luz se desliza a través de ellas como el agua por un colador grande, sin encontrar resistencia.