Los investigadores lograron por primera vez una conexión estable entre un cúbit de espín (bit cuántico basado en el espín) en una sola molécula y los fotones. La molécula de carbeno, incrustada en un cristal, funciona como interfaz, combinando fluorescencia brillante, alta estabilidad espectral (más de una hora) y largo tiempo de vida del espín (hasta decenas de milisegundos a 4,5 K). Es como encontrar una aguja en un pajar y hacerla cantar una nota pura. El resultado abre el camino hacia redes cuánticas basadas en sistemas moleculares, que son más fáciles de fabricar que los defectos tradicionales en estado sólido.
Las redes cuánticas necesitan un intermediario entre el almacenamiento — el espín — y el portador — la luz. Ninguna molécula individual había logrado esa tarea. Pero ahora los físicos han encontrado una solución. Colocaron una molécula de carbeno en un cristal y lo enfriaron a -269 °C. Mediante mediciones ópticas, observaron que la molécula emite fotones individuales durante más de una hora, y su espín — una propiedad magnética — mantiene su estado durante decenas de milisegundos. Así, la molécula se convirtió en un puente: un pilar en el mundo de la luz, otro en el mundo de la materia.
A pesar de que la molécula es diez mil veces más fina que un cabello, mantiene el enlace cuántico más tiempo que muchos defectos sólidos. Sorprendentemente, este puente de carbono e hidrógeno funciona de forma más fiable que complejos cristales artificiales. Y lo más importante: estos puentes se pueden diseñar químicamente, como piezas de un mecano, adaptándolos a cualquier tarea. El ensamblaje químico es barato y preciso, a diferencia del laborioso crecimiento de cristales con defectos. Quizás sean la base de la internet cuántica.
🎯 Una sola molécula de carbeno — hecha solo de [tag:carbon]carbono[/tag] y [tag:hydrogen]hidrógeno[/tag] — es diez mil veces más fina que un cabello, pero su espín preserva el estado cuántico cientos de veces más tiempo que muchos defectos atómicos.
🎬 El intercambio de datos entre la molécula y la luz recuerda a las tramas de ciencia ficción sobre comunicadores cuánticos.