En la aproximación de aguas someras, los perfiles transversales de ríos de laboratorio se describen mediante una ecuación diferencial que coincide formalmente con la ecuación cosmológica de Friedmann para un universo anti-de Sitter. Esta analogía proporciona un lagrangiano inesperado para el perfil transversal. La extremización de la acción correspondiente significa la extremización de la fuerza de fricción contra el lecho y de la tasa de disipación de energía. El análisis de la segunda variación muestra que este extremo es un máximo. De este modo, el río adopta una forma en la que la fricción y la disipación de energía son máximas, lo que apunta a un profundo principio variacional que conecta la hidrodinámica y la cosmología.
La forma del cauce de un río sigue exactamente la ecuación que describe el crecimiento de un universo con curvatura negativa. En el laboratorio, el agua que fluye sobre arena esculpe espontáneamente un perfil transversal que coincide con la solución para el modelo Anti-de Sitter.
El río tiende a una forma en la que la fricción con el fondo es máxima. Contra la intuición, el agua elige un cauce que acelera la disipación de energía (aumento de la entropía). La arena y el agua encuentran un equilibrio, y éste queda descrito por la misma ley que la expansión de todo el Universo.
Este descubrimiento ayuda a predecir cambios en los ríos y a construir canales. Pero lo principal es que el río de laboratorio se convierte en un espejo donde se refleja la matemática del cosmos. El flujo de agua lleva en sí la misma armonía que Lemaître y Einstein encontraron en la expansión del Universo.
🎯 En el río de laboratorio, la arena y el agua terminan adoptando la misma forma que más frena el flujo, y lo hacen sin intervención alguna, como por mutuo acuerdo.