Normalmente, un agujero negro es un abismo con un colapso puntual en el centro, donde la densidad es infinita y todo se rompe. Einstein y Schwarzschild describieron tal escenario. Pero el infinito es señal de que la teoría ha tropezado. El nuevo modelo sugiere que el agujero negro se parece a un remolino con fondo seguro: el embudo se vuelve de repente liso como un espejo. Caes y no te desgarras, sino que te asientas suavemente en un vacío tranquilo. Esto se logra con una frontera interna especial donde la gravedad desaparece. Mantiene la curvatura del espacio-tiempo a un nivel aceptable. Cuanto más pequeña es esta barrera, más suave es la transición. La masa interna no explota hasta el infinito, sino que se congela en un valor finito; esto es clave para comprender la esencia cuántica de los agujeros negros y unificar la gravedad con el micromundo. Un giro sorprendente: la curvatura interna casi no depende de la masa total del agujero. Un gigante puede ser por dentro tan suave como uno diminuto.
Gracias a que la gravedad desaparece en la frontera interna, un observador que cae no se convierte en plasma en el horizonte: se evita el problema de la 'pared de fuego'.
En la película 'Interstellar', los protagonistas atraviesan un agujero negro; quizás un modelo regular como este lo vuelve un poco menos fantástico.