Los agujeros negros primordiales podrían constituir la materia oscura, esa sustancia invisible que mantiene unidas a las galaxias. El análisis de nuevos datos de los detectores de ondas gravitacionales ha permitido imponer los límites más severos sobre su cantidad en un amplio rango de masas: desde un guijarro hasta miles de soles. Pero no se han encontrado huellas convincentes; quizá la materia oscura sea algo aún más exótico.
El Universo suena como una orquesta: sus notas son las ondas gravitacionales, ondulaciones del espacio-tiempo predichas por Albert Einstein. Los observatorios LIGO intentan captarlas, con la sensibilidad que les proporcionó Rainer Weiss. La mayoría de las veces oímos estruendos — fusiones de agujeros negros ordinarios, nacidos de estrellas. Pero los astrofísicos intentaron escuchar notas silenciosas, apenas perceptibles — señales de agujeros negros primordiales, que surgieron justo después del Big Bang.
Estos pequeñines (algunos más ligeros que un asteroide) podrían resultar ser la materia oscura, el pegamento invisible que mantiene unidas las galaxias. La idea de estos agujeros fantasma fue desarrollada por Stephen Hawking. Los científicos construyeron simulaciones por computadora de las danzas de pares de estos agujeros y las compararon con datos reales. El resultado fue asombroso: la orquesta no produjo ni una sola nota nueva. Casi todos los acordes escuchados pertenecen a agujeros negros ordinarios.
🎯 Si comprimieras la Tierra al tamaño de una uva, se convertiría en un agujero negro. Los agujeros negros primordiales pueden ser billones de veces más ligeros, pero su susurro gravitacional aún sería detectable.
🎬 En la ciencia ficción, los diminutos agujeros negros a veces sirven como combustible para naves estelares; por ejemplo, en la serie 'Mundo Anillo' de Larry Niven.