Científicos buscaron agujeros negros de masa intermedia — el eslabón perdido entre agujeros pequeños y gigantes. Usaron destellos de ráfagas rápidas de radio, como linternas, para detectar objetos invisibles. Encontraron dos candidatos que podrían ser agujeros negros primordiales y constituir una pequeña fracción de la materia oscura. ¿Qué más se esconde en la oscuridad cósmica?
Los agujeros negros pueden ser ligeros, producto de estrellas moribundas, y supermasivos, en los núcleos de las galaxias. Faltaba el eslabón intermedio. El descubrimiento fue posible gracias a las ráfagas rápidas de radio, señales cósmicas que duran milisegundos pero que transportan una energía comparable a la que emite el Sol en días. Estas ráfagas pueden imaginarse como gritos desde las profundidades del universo. Cuando un grito así pasa cerca de un invisible masivo, su trayectoria se curva —se produce una curvatura del espacio-tiempo— y nos llega una señal alterada. Los astrónomos estudiaron las huellas de frecuencias de dos de estas ráfagas «murmurantes» y descubrieron que en su camino había objetos con masas entre 500 y 2500 soles. Sin estrellas compañeras y lejos de cúmulos galácticos, son candidatos ideales a agujeros negros de peso medio. Y aquí viene lo interesante: si no hay galaxias cerca, estos invisibles podrían no haber nacido de estrellas, sino justo después del Big Bang, como agujeros negros primordiales. Stephen Hawking sugirió que estos podrían explicar la materia oscura. Según los cálculos, tales agujeros no constituirían más del 4% de toda la materia oscura, pero si las señales son engañosas, el límite es del 13%. En cualquier caso, estamos escuchando el susurro de los primeros instantes del ser.
🎯 Una ráfaga rápida de radio libera en una milésima de segundo más energía que el Sol en una semana.
🎬 En la ciencia ficción, los agujeros negros primordiales son portales a otros universos. Pero su papel real podría ser más modesto: ser los ladrillos invisibles de nuestro cosmos.