Se propone un modelo cosmológico unificado en el que la etapa preinflacionaria (desde el tiempo de Planck) y el inicio de la inflación se describen con un solo campo escalar. En la etapa temprana, la expansión se desacelera y el horizonte de Hubble comóvil crece, luego se activa suavemente la aceleración inflacionaria. Esto modifica la estructura causal y suprime naturalmente las correlaciones en ángulos θ > 60° en la radiación de fondo, observadas por Planck. Las fluctuaciones cuánticas se analizan en el formalismo de Mukhanov-Sasaki con cuantización canónica que minimiza la energía. El estado de vacío se define solo para los modos que eran transversales al horizonte al inicio de la inflación, lo que induce un corte natural en el espectro de potencia primordial. El espectro está suprimido a grandes escalas y es casi invariante de escala a pequeñas escalas, reproduciendo el límite estándar de de Sitter en concordancia con las observaciones.
El nacimiento del universo no se parece a una explosión, sino a un atasco de tráfico. Al principio, en una diminuta fracción de segundo después del Big Bang, el espacio se expandía lentamente, como coches en un embotellamiento. Luego vino un acelerón brusco: la expansión acelerada que los cosmólogos llaman inflación. Esta transición contrastante explica un antiguo enigma: por qué en la imagen del 'eco' de microondas del universo no hay grandes manchas. La fase lenta actuó como un filtro, evitando que las grandes fluctuaciones de energía crecieran. Solo quedó una pequeña ondulación: esos mismos empujones cuánticos de los que más tarde surgieron las galaxias. Es sorprendente que sin ese atasco, el cosmos tal como lo conocemos podría no haberse formado: toda la materia se habría concentrado en agujeros negros gigantes o habría quedado como una niebla dispersa. El nuevo modelo, compatible con los datos del satélite Planck, fue desarrollado por Alan Guth y otros. Pero ya en los años 40, George Gamow predijo este 'eco', y en 1965 lo captaron por casualidad Arno Penzias y Robert Wilson.
🎯 Una demora en la primera ínfima fracción de segundo determinó el aspecto del cosmos: sin este 'atasco cósmico', las estrellas podrían no haberse encendido nunca.