Los científicos han descubierto que las partículas cuánticas se comportan de manera diferente en los bordes del universo. Las partículas de materia (fermiones), como el agua, pueden filtrarse a través de las grietas del tiempo, incluso en el momento del Big Bang. Pero las partículas portadoras de fuerza (bosones) se destruyen allí. ¿Será que la materia es más resistente de lo que parece?
El fin del universo no es simplemente oscuridad. Si la energía oscura lo desgarra en pedazos o si se contrae de nuevo en un punto, como un Big Bang al revés, se produce una singularidad: el momento en que la física convencional falla. Durante mucho tiempo se creyó que en ese incendio cósmico todo desaparecía. Pero la ecuación deducida por Paul Dirac en 1928 mostró que las partículas de materia, los fermiones, son como semillas que no se queman, mientras que los portadores de interacciones, los bosones (como los cuantos de luz), son la llama condenada a extinguirse.
En el corazón mismo de la singularidad, donde la curvatura del espacio-tiempo alcanza el infinito, la ecuación de Dirac ofrece para ellos soluciones finitas y tranquilas. Para los bosones, en cambio, no existe tal truco. Los investigadores que primero vislumbraron esta escapatoria combinaron las ideas de Dirac con los trabajos de Stephen Hawking sobre agujeros negros.
🎯 La ecuación de Dirac, que predijo la antimateria, ahora revela que la materia a escala cósmica es inmortal: sobrevivirá a cualquier cataclismo y renacerá.