Se construyeron soluciones estacionarias axialmente simétricas del modelo de materia oscura como condensado de Bose-Einstein (BECDM) en el campo de una masa puntual gravitante (agujero negro). Se consideraron el estado fundamental esféricamente simétrico y la solución de vórtice con un índice de enrollamiento entero no nulo. Las ecuaciones se resolvieron mediante el método de tiempo imaginario, lo que permitió construir familias de configuraciones en un amplio rango de parámetros de autointeracción y masa del agujero negro. Se analizó la influencia de estos parámetros en la distribución de densidad y la estabilidad usando el criterio de giro basado en el funcional de entalpía; se separaron las ramas estables e inestables. Para la autointeracción atractiva (g<0) se estableció la existencia de una masa máxima, que define el límite de parámetros permitidos para dichas soluciones. Se demostró que las estructuras de vórtice estables pueden existir en las inmediaciones del agujero negro, y su estabilidad indica compatibilidad con escenarios astrofísicamente relevantes de colapso de BECDM.
En el mundo cuántico, las partículas de materia oscura pueden fusionarse en una sola gota superfluida: un estado donde la sustancia fluye sin fricción, como un líquido ideal. Al encontrarse cerca de un agujero negro, esa gota no desaparece en él, sino que se enrolla en vórtices estables, como el agua que rodea una piedra en un río. Los científicos descubrieron que los más estables son un denso grumo central y un vórtice que rodea el agujero. Este último se mantiene durante años si las partículas se atraen ligeramente: el equilibrio de fuerzas evita que se desintegre.
Sorpresa: estos vórtices influyen en la rotación de las galaxias e incluso hacen oscilar al agujero negro, generando un característico «sonido» en las ondas gravitacionales: ondulaciones del espacio-tiempo. Y si la atracción entre partículas es demasiado fuerte, el vórtice colapsa: los científicos calcularon un límite claro para dicho colapso.
🎯 A temperaturas ultrabajas, un líquido cuántico especial puede comportarse como una sola partícula gigante; si se le hace girar, forma diminutos vórtices-tornados: en el laboratorio se crean con láseres.