Por primera vez se ha calculado numéricamente la entropía de entrelazamiento (medida de correlaciones cuánticas) para un agujero negro acústico: una región en un fluido donde el sonido no puede escapar. Se encontró que para regiones grandes, crece proporcionalmente al volumen, no al área: una ley de volumen, inusual para sistemas gravitacionales. La razón son correlaciones de largo alcance no separables, causadas por el nacimiento de pares de fonones (cuantos de sonido) en el horizonte. El sistema es localmente térmico, y la parte volumétrica del entrelazamiento coincide con la entropía térmica de la radiación de Hawking.
Un agujero negro acústico es un flujo de fluido más rápido que el sonido, de modo que las ondas sonoras no pueden escapar. El horizonte —la superficie donde la velocidad del flujo alcanza la velocidad del sonido— genera pares de fonones: cuantos de sonido, uno de los cuales escapa y el otro cae hacia adentro.
Los cálculos muestran que la entropía de entrelazamiento aquí depende del volumen y no del área del horizonte. Los fonones en toda la región interior están conectados entre sí, como si cuerdas invisibles atravesaran una cascada, uniendo cada gota con las demás. Paradójicamente, las partículas nacidas en la frontera y separadas para siempre por ella conservan una memoria compartida a cualquier distancia dentro del flujo.
🎯 Si el gas interestelar fluyera alrededor de un objeto masivo a velocidad supersónica, se formaría un agujero negro sónico, y ni siquiera el estruendo de una supernova podría escapar.
🎬 En la novela de Fred Hoyle «La nube negra», una nube de gas inteligente controla los flujos de materia, recordando a un análogo acústico, pero sin efectos cuánticos.