Modelado de fusiones de estrellas de neutrones con diferentes rotaciones mostró: cuando los espines están alineados con la órbita, se expulsa material neutrónico frío en el ecuador, que luego forma un chorro polar estrecho. Con espines opuestos, la colisión es violenta, los campos magnéticos no se amplifican y el medio se satura de escombros. El procesamiento de neutrinos crea ~0.0024 masas solares de materia rica en protones, donde se generan elementos ligeros del proceso r, incluido el níquel-56, cuya desintegración produce una señal única. Pero las eyecciones son demasiado densas y lentas para explicar los estallidos cortos de rayos gamma.
Dos estrellas de neutrones dan vueltas en una danza final. Si su giro coincide con el movimiento orbital, los compañeros se fusionan limpiamente, expulsando un chorro estrecho de materia incandescente. Pero si giran en direcciones opuestas, la danza se rompe, esparciendo un denso manto de escombros.
En fusiones más limpias, neutrinos fantasmales convierten la eyección en materia con exceso de protones. Ahí nace el níquel-56: un elemento radiactivo que, al desintegrarse, brilla durante semanas, casi como una pequeña supernova. Aunque este destello es demasiado lento para un estallido de rayos gamma típico, mediante espectroscopia (descomposición de la luz) los científicos detectan la presencia de elementos pesados. Pero la gran sorpresa: en este caos nacen los elementos más pesados de la tabla periódica, desde el platino hasta el uranio.
🎯 En pocos segundos, esta fusión produce más oro del que los humanos han extraído en toda la historia.
🎬 En la novela 'El alquimista del neutronio' de Peter Hamilton, la materia de las estrellas de neutrones es la materia prima para elementos fantásticos. La naturaleza realmente practica la alquimia: en estas fusiones ocurre el proceso r, generando oro y uranio.