Dos líquidos no miscibles, como el aceite y el agua, al añadir nadadores microscópicos (bacterias compuestas principalmente de carbono) se transforman en una espuma dinámica. Los nadadores actúan como cocineros diminutos: su movimiento continuo bate los líquidos formando una red enmarañada, como una batidora que crea una emulsión. Pero si la velocidad es demasiado alta, los nadadores atraviesan las interfaces y la mezcla se separa. Con actividad moderada, las fuerzas del movimiento estabilizan la espuma, y el nivel de desorden (entropía) se mantiene constante. Cuando el movimiento cesa, los nadadores quedan atrapados en las interfaces: la espuma se solidifica, preservando la estructura. Sorprendentemente, al reanudar el movimiento, pueden tanto restaurar la espuma como destruirla: un modo rápido hace que los líquidos se separen de nuevo. Esto proporciona una receta para emulsiones activas sintonizables, útiles para materiales inteligentes y para entender mezclas bacterianas.
Batir aceite y vinagre en exceso separa la vinagreta; es el mismo límite de velocidad que con los micronadadores.
Las emulsiones activas recuerdan al polvo inteligente o a los nanorobots de la ciencia ficción, capaces de autoorganizarse.