Fotografiar una telaraña finísima temblando al viento: así es más o menos la tarea de mirar dentro de los vasos de un cerebro vivo. La microscopía de localización ultrasónica (ULM) convierte el ultrasonido ordinario en una herramienta capaz de ver capilares individuales, pero solo si se ajustan los parámetros con mucha precisión.
El nuevo conjunto de datos, llamado ULMShare, es un arenero compartido para ingenieros y científicos. Dentro hay 99 registros de microvasos de cerebro de ratón obtenidos a través de los huesos del cráneo. Los ratones eran 61, de distintas edades y pesos, se usaron dos tipos de transductores, diferentes planos de escaneo e incluso diferentes métodos de anestesia. Todo junto ocupa 30 terabytes, aproximadamente como 6 mil películas en buena calidad.
Normalmente cada laboratorio graba a su manera, y comparar resultados es casi imposible. ULMShare ofrece un estándar común: se pueden tomar las mismas grabaciones y comprobar qué algoritmo reconstruye mejor la imagen. Los autores ya calcularon qué tan completamente se llenan los vasos en las imágenes y evaluaron la nitidez con el método de correlación anular (es como verificar si dos fotos del mismo lugar coinciden en los detalles finos).
Los ratones del experimento pesaban en promedio 17,7 gramos, como cuatro cucharaditas de azúcar.
En el cuento de ciencia ficción «Flores para Algernon», el cerebro de un ratón se convierte en la clave para desentrañar los misterios de la inteligencia; aquí, el cerebro del ratón ayuda a perfeccionar una tecnología que quizás algún día revele catástrofes vasculares ocultas en los humanos.