Las ondas gravitacionales de ultra alta frecuencia pueden convertirse en radiofotones en los campos magnéticos interestelares gracias al efecto Gertsenshtein inverso. La investigación mostró que los radiotelescopios CHIME y FAST superan a muchos detectores especializados en la búsqueda de fusiones de agujeros negros primordiales, las fuentes más probables de estas ondas. También son sensibles a señales monocromáticas de nubes de bosones ultraligeros alrededor de agujeros negros. Así, las antenas de radio comunes se convierten en cazadoras de esquivos fantasmas gravitacionales.
Las ondas gravitacionales son vibraciones invisibles del propio espacio, como el sonido de una gigantesca cuerda cósmica. Los detectores convencionales captan las 'notas' bajas de la fusión de grandes agujeros negros. Pero también existen ondas gravitacionales de alta frecuencia: temblores ultrarrápidos generados por microscópicos agujeros negros primordiales, remanentes del Big Bang. Al atravesar los campos magnéticos del universo, estas vibraciones se convierten en ondas de radio, como una guitarra acústica conectada a un amplificador que de repente emite una señal eléctrica. Radiotelescopios como CHIME y FAST captan esta señal, permitiéndonos escuchar lo que antes era inaudible. Pero lo más sorprendente es que nubes de partículas invisibles y ultraligeras que enjambran alrededor de los agujeros negros pueden emitir ondas similares. Si captamos su zumbido monocromático, tendremos la clave para desvelar el misterio de la materia oscura, esa sustancia misteriosa que mantiene unidas las galaxias.
🎯 El radiotelescopio CHIME, diseñado para buscar misteriosas ráfagas de radio, resultó ser por casualidad un detector ideal de ondas gravitacionales.