Los astrónomos idearon buscar materia oscura usando planetas que están muy lejos de sus estrellas. Los grumos invisibles que pasan cerca pueden empujarlos ligeramente, dejando huellas apenas perceptibles. Esto permitirá asomarse al comienzo mismo del universo. Imagina: una mano invisible del pasado mece mundos lejanos.
Un móvil infantil: las figuras cuelgan de hilos y responden a cualquier soplo. De manera similar, los planetas en órbitas muy amplias apenas son sostenidos por la gravedad de la estrella — y sienten las más leves «corrientes» gravitacionales. Los astrónomos propusieron convertir esos planetas en detectores de materia oscura. Esta sustancia invisible no emite luz, pero con su atracción controla el movimiento de estrellas y galaxias.
Se cree que tras el Big Bang se formaron grumos superdensos de materia oscura. Al pasar cerca, un grumo así «sacudirá» ligeramente a un planeta lejano — y los modernos relevamientos de exoplanetas (por ejemplo, la observación del tránsito de un planeta por el disco de su estrella — tránsito) podrán notar ese desplazamiento. Obtendremos un mapa de las masas invisibles y sabremos qué irregularidades existían justo después del nacimiento del Universo.
Lo más inesperado: un grumo así, del tamaño del Sistema Solar, puede pesar como una estrella pero permanecer absolutamente transparente — y para atraparlo se necesitan los planetas más «sueltos» que existan en la Galaxia.
🎯 Un grumo de materia oscura del tamaño del Sistema Solar puede pesar como toda una estrella, pero permanecer completamente invisible.