El autor propone una nueva mirada: la información es la estructura de alternativas físicamente posibles, es decir, de aquellos eventos que pudieron ocurrir pero no sucedieron. Combinando las ideas de Shannon, el principio de Landauer y la paradoja de los agujeros negros, muestra que el contenido de la información está definido por las opciones no realizadas. Como en una partida de ajedrez, donde el sentido de una posición está en los movimientos posibles, la información física se define por el espacio de oportunidades perdidas. Esto explica por qué la pérdida de datos en un agujero negro no es contabilidad, sino un proceso físico.
Borrar un solo bit significa liberar calor. Este descubrimiento de Rolf Landauer insinuó que la información no es material, pero tampoco ilusoria. Imagina que cada suceso proyecta una sombra: eso es la información, el conjunto de todas las posibilidades no realizadas. Al elegir una llave para una cerradura, la sombra de las otras llaves queda flotando en el aire de tu decisión. Cuando olvidas qué llave corresponde a qué, apagas esa sombra y el mundo se calienta un poquito.
Con los agujeros negros ocurre lo mismo. Al caer en uno, un objeto no solo pierde materia, sino que se desprende de la historia de sus versiones no realizadas. Pareciera que la sombra desaparece para siempre. Pero Jacob Bekenstein y Stephen Hawking demostraron lo contrario. El agujero tiene entropía (medida del caos), y por tanto, información. Probablemente, esta regresa al mundo a través de la curvatura del espacio-tiempo, que dicta qué eventos están destinados a suceder. Así, las sombras del pasado definen los límites del futuro.
🎯 Borrar un bit calienta el entorno en 10^-23 grados. En un año, todos los centros de datos de la Tierra juntos generan exactamente el calor suficiente para hervir un solo huevo de gallina.