En la década de 1990, el filósofo John Searle ideó un experimento mental: una persona está en una habitación y, sin saber chino, sigue instrucciones para dar respuestas correctas en chino. Desde fuera parece que entiende el idioma, pero por dentro solo hay un seguimiento mecánico de reglas. Así, una computadora que imita el cerebro solo puede simular la conciencia, sin poseerla realmente. Este argumento a menudo se resume en una frase corta: "La simulación del cerebro no es más consciente que la simulación del agua es mojada".
Los autores del nuevo trabajo ven el problema de otra manera. Se basan en la idea de que la conciencia no es una propiedad de la materia, sino el resultado de una organización computacional específica. El agua está mojada por la interacción de las moléculas, no porque la llamemos así. De igual modo, la conciencia: si un sistema está internamente estructurado como el cerebro, tendrá conciencia, ya sea con neuronas o con chips de silicio.
Anteriormente, los investigadores definían las funciones según cómo reacciona el sistema a los estímulos. Pero ese enfoque equipara el cerebro con una tabla gigante de respuestas. Para evitar esto, los autores introducen el concepto de realización causal-computacional interna. Este tiene en cuenta cómo las partes del sistema se influyen entre sí, cómo cambian sus estados y dónde está el límite entre el agente y el entorno.
La conclusión es condicional pero importante: si la conciencia es un invariante de esa organización interna, entonces cualquier sistema que la reproduzca exactamente será consciente. Ya sea biológico, artificial o simulado, no importa. Negar la conciencia a una simulación solo es posible señalando qué estructura interna concreta no reproduce.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2606.15348
A common objection to artificial or simulated consciousness is that a simulated brain is no more conscious than simulated water is wet. We address this from the perspective of Intrinsic Computational Functionalism (ICF): if consciousness is computationally constituted, it depends not on externally imposed descriptions but on the computational structures a system physically realizes in virtue of its own causal-dynamical organization. In previous work we developed Canonical Functionalism as a mathematically precise special case of this anti-interpretivist program, identifying functional states by their complete future input-output roles under a fixed interface. Here we argue that this input-output construction, though important, is incomplete: as a behavioral boundary case of ICF, it makes lookup tables and unfolded systems that preserve the same boundary behavior canonically equivalent. A consciousness-relevant canonical representation must instead include internal mechanisms, interventions, and joint readouts belonging to the relevant intrinsic organization. We therefore define a mechanism-enriched canonical structure and use it to formulate Intrinsic Causal-Computational Realization (ICCR), a realization relation preserving physical implementation, intrinsic state individuation, transition structure, intervention profiles, and the relevant agent-body-world boundary. The central result is conditional: if conscious properties are invariants of intrinsic causal-computational organization, then any system satisfying ICCR realizes the same consciousness-relevant properties, whether biological, artificial, or simulated. We discuss objections including biological naturalism and integrated information theory. We conclude that to deny consciousness to a simulation, one must identify a consciousness-relevant intrinsic causal-computational structure that the simulation fails to realize.
El cerebro humano consume unos 20 vatios, como una bombilla de la nevera, pero resuelve problemas que los superordenadores no pueden.
En la novela "La ciudad de las permutaciones" de Greg Egan, las personas cargan su conciencia en una simulación informática y esta sigue viviendo como una personalidad digital.