Los blazares (jets constantes desde los centros de las galaxias) y los estallidos de rayos gamma (explosiones de estrellas masivas) emiten radiación cuya forma se describe con una “log-parábola”. Resulta que esta forma surge naturalmente del enfriamiento de electrones relativistas en un campo magnético decreciente, como el filamento de una bombilla al enfriarse cambia de color. Anteriormente se demostró para los estallidos de rayos gamma, y ahora para los blazares. Entonces, es precisamente el enfriamiento, y no la aceleración de partículas, lo que determina el espectro observado, contrario a las ideas establecidas. Esto podría explicar la misteriosa relación entre las potencias de los jets en objetos tan diferentes.
Los blázares son haces prolongados de agujeros negros en los centros de las galaxias. Los estallidos de rayos gamma son destellos brevísimos de explosiones de supernovas o fusiones de estrellas de neutrones. Los primeros funcionan como un reflector eterno, los segundos como un flash fotográfico. Pero la atenuación de su luz sigue la misma ley: la ley del enfriamiento rápido.
Dentro de los chorros expulsados por estos objetos, los electrones giran. Están ligados al campo magnético: cuando el campo se debilita, las partículas pierden energía de golpe, emitiendo luz. Así se forma el brillo. Su curva — cómo se distribuye el brillo por colores — es sorprendentemente similar en ambos fenómenos. Es como un metal que se enfría: tanto un lingote macizo como un alambre delgado ceden calor siguiendo la misma trayectoria, perdiendo temperatura cada vez más despacio.
El gran descubrimiento es que el enfriamiento resultó ser más importante que la aceleración. Es él quien crea la forma universal del espectro: una curva suave, como un tobogán. Y es la misma desde la microescala hasta la megaescala. Resulta que los blázares y los estallidos de rayos gamma no son tan distintos: son simplemente fuentes de la misma ley, de diferente calibre.
🎯 Un estallido de rayos gamma típico libera en pocos segundos tanta energía como la que nuestro Sol emitirá en todos sus 10 mil millones de años de vida.