Durante décadas, dos métodos independientes para medir la velocidad de expansión de las galaxias —la constante de Hubble— arrojaron cifras contradictorias. La situación recordaba a una habitación con dos termómetros que marcan temperaturas distintas. Un método se basaba en observaciones de supernovas cercanas; el otro, en el análisis de la luz antigua, la radiación de fondo dejada tras el Big Bang. Adam Riess, usando supernovas como «velas estándar», obtuvo un valor cercano a 73 (en unidades arbitrarias), mientras que el satélite Planck, al medir las mínimas inhomogeneidades del fondo cósmico, obtuvo 67. Esta discrepancia, conocida como «tensión de Hubble», ponía en duda la precisión de nuestros modelos cosmológicos.
Para resolver el conflicto, los astrónomos recurrieron a nuevos datos: observaciones de galaxias tempranas con el JWST y el mapa de distribución de galaxias del proyecto DESI, que registra las oscilaciones acústicas bariónicas —ondas sonoras congeladas en la materia del universo temprano—. A estos datos se sumó la hipótesis de un breve destello de energía oscura en los primeros instantes tras el Big Bang. Esta energía oscura temprana no es la misteriosa fuerza que acelera la expansión del universo hoy; fue un empujón fugaz de «antigravedad» que, según los cálculos, existió solo por un corto tiempo y desapareció mucho antes de que aparecieran las primeras estrellas. La analogía de los termómetros ayuda a entender el efecto: imagina que uno de los termómetros entra por un instante en una corriente de aire cálido —su lectura sube un poco y la discrepancia entre los aparatos casi desaparece—. Así aquí: el aporte de la energía oscura temprana altera ligeramente el panorama calculado, suavizando la contradicción.
El mecanismo es el siguiente: el destello de energía oscura temprana dejó su impronta en la radiación de fondo de microondas, haciendo que sus patrones —las manchas de temperatura en el mapa del cielo— quedaran ligeramente más difuminados (en unos pocos por ciento). Este efecto, detectado en los datos de Planck, al recalcular la constante de Hubble reduce la brecha con las mediciones de supernovas. Así, el modelo estándar del cosmos, complementado con esta hipótesis, recibe un ajuste fino, y la expansión del universo se describe sin conflictos internos. Es importante entender: la analogía de los termómetros simplifica la realidad, porque en cosmología no solo calibramos instrumentos, sino que revisamos supuestos fundamentales sobre la física del universo temprano.
Durante ese breve instante en que actuó la energía oscura temprana, el universo pudo expandirse más que en los miles de millones de años posteriores.