Los filamentos solares — gigantescos haces de gas incandescente, suspendidos en un campo magnético cuyas líneas pueden reconectarse durante las erupciones — vibran como cuerdas de un instrumento invisible.
Antes, los científicos buscaban estas oscilaciones manualmente revisando imágenes, lo que consumía mucho tiempo. Ahora, se ha creado un 'oído automático' basado en aprendizaje automático. Analiza imágenes del Sol en la línea espectral Hα del hidrógeno (descubierta por Johann Jakob Balmer), aplicando una técnica matemática inspirada en las ideas de Joseph Fourier para detectar cambios periódicos en el brillo. Para no confundir vibraciones reales con ruido, el programa se verifica con simulaciones por computadora.
En dos semanas, el autómata detectó 91 oscilaciones frente a las 22 de un humano, como si Shazam reconociera una canción en una multitud ruidosa. Por el ritmo de la vibración y la velocidad de amortiguamiento, se puede calcular la fuerza del campo magnético que sostiene el filamento, como si dedujéramos la tensión de una cuerda escuchando su sonido. Las vibraciones más lentas, que duran horas, pasaban desapercibidas para el ojo humano, pero el programa las capta. Esto permite adentrarse más en los procesos magnéticos del Sol y predecir con mayor precisión la actividad solar. Este enfoque abre una nueva era en la observación de nuestra estrella.
La oscilación más larga detectada duró más de dos horas; tan lenta que el ojo humano no la habría notado, pero para el programa es una señal clara.