En el centro de un agujero negro, la teoría clásica dibuja un punto donde la densidad y la curvatura del espacio-tiempo se disparan al infinito, como una aguja infinitamente afilada. Pero las correcciones cuánticas, que se remontan a los trabajos de Schwarzschild, añaden un diminuto 'cojín': el espacio no puede comprimirse hasta cero.
Debido a esto, el 'horizonte' —la frontera de la caída sin retorno— se desplaza. La famosa radiación descubierta por Hawking se debilita, y las características térmicas se vuelven más estables. Incluso la sombra del agujero negro —esa silueta oscura— cambia de tamaño, aunque conserva su forma circular. La gran sorpresa: si el cojín cuántico fuera un poco más grueso, el horizonte podría desaparecer por completo, dejando al descubierto un núcleo apacible para todo el universo exterior.
Si las correcciones cuánticas fueran un poco más fuertes, el agujero negro podría perder completamente su horizonte, exponiendo su núcleo suave al mundo exterior.
En la película 'Interestelar', los protagonistas esperan desentrañar los misterios cuánticos dentro del agujero negro, y el nuevo modelo hace esta idea un poco menos fantástica.