La congelación rápida desencadena en el agua un escenario inusual. Primero nacen diminutos embriones cúbicos, como semillas que dictan la forma futura. Así como el primer grano en una espiga marca la dirección del crecimiento, estos centros obligan al hielo a ramificarse en un ángulo de 109,5 grados. El resultado: una estrella de hielo de ocho puntas, un octaedro.
Los científicos enfriaron una gota a −40 °C y, mediante aprendizaje automático analizaron millones de imágenes para distinguir el hielo cúbico. El modelado confirmó que los embriones cúbicos son los principales arquitectos del crecimiento. Procesos similares ocurren en el carbono al formarse diamantes y en el silicio para microchips. Comprender esta cristalización mejorará las tecnologías de materiales y de congelación de tejidos.
Así, el microscópico caos molecular se transforma en instantes en una simetría matemáticamente precisa, sobre la que reflexionaron Kepler, Faraday y Boltzmann.
A veces se detecta hielo cúbico en las nubes más altas y frías de la atmósfera terrestre. Sus cristales microscópicos son tan simétricos que parecen pequeños octaedros de diamante.
En la novela 'Cuna de gato' de Kurt Vonnegut se describe el hielo-nueve, una sustancia que congela el agua al instante. El hallazgo de los embriones cúbicos recuerda a ese relato: un solo cristalito puede desatar una avalancha de cristalización, aunque sin consecuencias apocalípticas.