El horizonte cosmológico —el borde del universo observable, que se expande aceleradamente— es como una caja fuerte con temporizador. La información sobre lo que cruza esta frontera no desaparece, sino que regresa, pero con retraso. Los físicos han averiguado cuánto dura esa pausa.
Los científicos construyeron un modelo de espacio-tiempo curvado y siguieron el nacimiento de un par de partículas cuánticas: una se aleja volando, la otra cae hacia adentro. Monitorizando la entropía (medida del desorden), descubrieron que su mínimo ocurre tras 1/8 del tiempo de circunvalación del horizonte: entonces la información oculta empieza a salir, como si la puerta de la caja fuerte se entreabriera.
Este proceso resuena con la paradoja de los agujeros negros, descrita por primera vez por Stephen Hawking: se cree que los agujeros también liberan información al evaporarse. El horizonte-caja fuerte no permanece en silencio: tiene una temperatura de unos 10⁻³⁰ K, muchos órdenes de magnitud más frío que cualquier objeto conocido. Por ahora es imposible captar ese 'aliento' térmico, pero el cálculo ofrece el momento exacto en que el horizonte revela sus secretos.
Nuestro horizonte cosmológico es una esfera con un radio de unos 46 mil millones de años luz. Dentro de ella se encuentra toda la materia que podremos observar jamás. Su radiación térmica es tan débil que su temperatura (del orden de 10⁻³⁰ K) es billones de veces más baja que la de los rincones más fríos del cosmos.