Dentro de cada uno de nosotros laten unos relojes invisibles. Controlan la liberación de cortisol, la hormona que nos ayuda a despertarnos por la mañana, a lidiar con la ansiedad y a mantener el sistema inmunitario en forma. En la insuficiencia suprarrenal, estos relojes se estropean: el cuerpo no puede producir por sí solo la cantidad necesaria de cortisol. Sin tratamiento, la persona siente fatiga constante y cualquier resfriado puede volverse peligroso.
Los autores del trabajo construyeron un modelo matemático del eje «hipotálamo-hipófisis-suprarrenales», el mismo sistema que pone en marcha la producción de cortisol. El modelo incorpora el ritmo circadiano, por lo que simula los ascensos y descensos naturales de la hormona a lo largo del día. Con este modelo se probó el enfoque estándar de tratamiento: el paciente recibe una dosis fija de hidrocortisona a horas determinadas. Los cálculos mostraron que este método funciona, pero dista de ser ideal: el nivel de cortisol a veces se desploma y a veces se dispara.
Entonces entró en juego el controlador predictivo de modelo, un algoritmo que calcula el futuro. Es como un navegante experimentado: conoce el mapa del ritmo circadiano, recuerda las dosis anteriores y ve de antemano a dónde conducirá cada decisión. La principal ventaja de este asistente es que vigila estrictamente las restricciones y nunca sugerirá una dosis por encima del umbral seguro. El médico sigue siendo el capitán, pero recibe un cálculo preciso en lugar de un ajuste intuitivo.
El cortisol sigue un estricto horario diario: su nivel es máximo alrededor de las 8 de la mañana y mínimo alrededor de la medianoche. Por eso las tabletas de hidrocortisona suelen tomarse dos o tres veces al día, imitando el ritmo natural.