Un agujero negro normalmente oculta su singularidad bajo un horizonte de sucesos, una frontera invisible de la que ni siquiera la luz puede escapar. Pero a veces esa "capa" falta, y la singularidad, el punto donde la física conocida deja de funcionar, queda expuesta a un observador externo. Estos objetos se denominan singularidades desnudas y causan muchos dolores de cabeza a los teóricos.
Los autores del nuevo trabajo tomaron una de las singularidades desnudas más conocidas, la solución Janis–Newman–Winicour (JNW), generada por un campo escalar ordinario (el tipo más simple de materia, que se puede describir con un solo número en cada punto). A sus parámetros aplicaron un truco ingenioso: los giraron en el plano complejo mediante la llamada rotación de Wick. El resultado sorprendió: la singularidad desapareció y en su lugar apareció un agujero de gusano transitable, un túnel que conecta dos regiones del espacio-tiempo plano. Se trata del famoso agujero de gusano de Ellis de clase III, que antes se consideraba una entidad completamente distinta que requería materia exótica.
El hallazgo no es en absoluto casual. Los autores demostraron que la solución JNW forma parte de una jerarquía completa de acciones que describen diferentes teorías de la gravedad. Esto significa que "arreglar" una singularidad genera automáticamente versiones regulares para toda una familia de teorías. Así, un solo paso matemático desenreda una madeja de problemas en distintos modelos.
El agujero de gusano de Ellis de clase III es uno de los pocos ejemplos de agujeros de gusano transitables sin singularidades que no requiere materia exótica con energía negativa. En su lugar, utiliza un campo escalar llamado "fantasma".
La idea de los agujeros de gusano como portales entre puntos distantes del espacio es la base de la trama de la película 'Interstellar', donde los protagonistas viajan a través de un túnel de este tipo para encontrar un nuevo hogar para la humanidad.