Un espectro de rayos X es como una grabación de sonido que dejan los electrones en un material magnético. Antes, los científicos solo escuchaban el volumen; ahora, el aprendizaje automático distingue en él las partes de dos bailarines: el giro propio del electrón (espín) y su carrera orbital. Utilizando luz polarizada, sensible a la dirección del giro, los físicos entrenaron una red neuronal con miles de espectros generados en simulaciones por computadora con distintas intensidades de campo interno y acoplamiento espín-órbita. La red dominó la lectura de la forma de las líneas con la misma seguridad con que un director de orquesta escucha cada instrumento.
Este enfoque convierte el sensado cuántico en un medidor ultrapreciso, abriendo el camino hacia nuevos dispositivos magnéticos.
Las reglas simplificadas para extraer propiedades magnéticas de los espectros aparecieron en 1992, la misma época que los primeros navegadores web.