Las galaxias giran como si contuvieran una masa invisible. Esa materia oscura fue descubierta por Vera Rubin. Según una hipótesis, está compuesta por campos ultraligeros. Cuando una estrella se convierte en un agujero negro —un abismo del que ni la luz escapa (como dedujo Karl Schwarzschild)—, el campo que la rodea se desprende y se expande en una onda. No es un sonido, sino vibraciones, como el eco de un golpe.
Cada agujero negro es como un golpe a un tambor invisible. A lo largo de la historia del Universo, mientras se expandía (descubrimiento de Edwin Hubble), se han acumulado billones de estos golpes. Sus ondas fueron estiradas por el corrimiento al rojo, fusionándose en un zumbido constante. Las frecuencias están en el rango audible de 1 a 1000 Hz: desde un bajo grave hasta la voz humana. Si pudiéramos oír esos campos, captaríamos un zumbido continuo, como el rumor de una cascada lejana.
Futuros detectores, similares a los que buscan ondas gravitacionales, podrán captar este fondo. Los científicos han tenido en cuenta cómo la formación de estrellas y su evolución influían en el volumen, mientras que la composición química de las estrellas alteraba el tono. Un ruido de fondo similar ya se capta de los neutrinos y las ondas gravitacionales; ahora le toca el turno a la materia oscura.
Si los campos invisibles presionaran nuestros oídos, oiríamos un zumbido parecido al rumor de una cascada lejana: su frecuencia está en el rango de 1 a 1000 vibraciones por segundo.