La señal urbana rebota entre las paredes como una pelota, y el teléfono capta decenas de sus «reflejos»: el eco. Cada microsegundo de retraso añade 300 metros al recorrido.
La red neuronal procesa este ruido en dos etapas. Primero, con un oído fino, filtra las interferencias y aísla cada eco. Luego los reúne en una imagen general, parecido a como el espectroscopía separa la señal de radio en «rayos».
Pruebas en la ciudad: error en distancia — 3.5 m, en dirección — 2.5°. Suficiente para saber de qué lado del edificio te encuentras. Las señales de varias torres se combinan y suavizan, mejorando la precisión. Un smartphone común podrá orientarse en interiores como si tuviera GPS.
Cada microsegundo de retraso son 300 metros, por eso el teléfono, al escuchar el eco, funciona como un radar con precisión centimétrica.
La tecnología fue anticipada por Philip Dick: en sus relatos, la policía rastreaba a las personas mediante señales; ahora eso se hará realidad sin necesidad de satélites.