En una sopa hirviendo, las moléculas chocan caóticamente y reaccionan. Pero si medimos cómo cambian sus concentraciones, emergen patrones. Así funcionan las redes químicas de carbono: mezclas de moléculas que espontáneamente «cocinan» información, convirtiendo cada reacción en un cálculo elemental. Antes solo se usaban para modelar la naturaleza.
El proyecto matemático Ripple, mediante rigurosas demostraciones informáticas (en el lenguaje Lean 4), confirmó que incluso en el caos, si esperamos al equilibrio y generamos suficiente entropía (desorden), dicha red puede calcular cualquier número real. Por ejemplo, la constante de Apéry ζ(3): no se obtiene con una fórmula simple, sino con una suma infinita. La sopa química la «cocinó» en un tubo de ensayo. A diferencia de los chips de silicio, este procesador funciona sin electricidad, solo con reactivos.
La constante de Apéry ζ(3) ≈ 1.2020569 se resistió durante décadas a una expresión exacta: solo se obtiene mediante una suma infinita. Las redes químicas hallaron un camino alternativo, «cocinando» el número en una solución en equilibrio.