La gravedad es el pegamento invisible que mantiene unidas a las estrellas y los planetas. Pero, ¿y si este pegamento tuviera una masa diminuta? En la teoría de la gravedad masiva, las partículas portadoras (llamadas gravitones) pesan muy poco, pero no cero. Esto cambia las reglas del juego cerca de los agujeros negros.
Los autores del nuevo trabajo partieron de una herramienta matemática: la descomposición en valores propios. Este enfoque permite dividir un movimiento complejo en partes simples e independientes. Con él, estudiaron cómo las perturbaciones más pequeñas, ondas en la superficie del agujero negro, se comportan en diferentes variantes de la teoría. Resultó que el método funciona incluso en casos que antes se consideraban callejones sin salida.
Los investigadores también descubrieron una geometría oculta: las soluciones con diferentes parámetros se cruzan en un punto donde las perturbaciones se congelan. Es como una intersección donde dos caminos se fusionan en uno, y el movimiento se detiene por un instante.
La masa del gravitón, si existe, debe ser menor que 10⁻³⁰ electronvoltios, es decir, miles de millones de veces más ligera que el neutrino, la partícula conocida más ligera.
En la novela 'Gravity' de Alastair Reynolds, la alteración de las leyes de la gravedad provoca catástrofes; el nuevo trabajo muestra cómo la teoría puede permanecer estable en condiciones extremas.