En la imagen habitual del mundo, un evento es un punto en el mapa del espacio-tiempo: un "aquí y ahora" sin tamaño ni estructura interna. Pero, ¿y si un evento no solo pudiera marcarse, sino también dotarse de forma, como una gota de agua que se condensa en una esfera o se arremolina en un vórtice?
En cristales fotónicos no lineales, donde las propiedades del medio dependen de la intensidad de la luz, se han logrado crear precisamente esos objetos. La estructura especial del cristal suprime la propagación libre de las ondas: aparece una banda de energía prohibida (un rango de estados vetados). En esa banda, la luz no puede simplemente escapar, y debido al efecto de autofoco se condensa en un grumo compacto, localizado tanto en el espacio como en el tiempo. El resultado no es un punto, sino una nube diminuta con su propia geometría.
Variando la simetría del sistema, los autores obtuvieron dos tipos de estos "eventos": los multipolares, que parecen una flor con pétalos de campo, y los vorticiales, donde la fase de la onda se enrolla alrededor del centro. Los vórtices resultaron más complejos y "costosos" en términos de energía, pero su estructura interna los distingue claramente de los multipolos. Los cálculos muestran que el tamaño transversal de estos objetos es de 30 a 60 micrómetros, y su duración, de 85 a 170 femtosegundos. Esto es comparable al grosor de un cabello humano y al tiempo que tarda la luz en recorrer unas decenas de micrómetros.
La investigación abre el camino para controlar la luz en medios cuyas propiedades cambian rápidamente con el tiempo. El evento deja de ser una simple marca en el reloj: se convierte en un objeto ondulatorio con grados de libertad internos controlables. Donde antes solo se veía un punto, ahora se puede crear un pequeño vórtice.
La banda de energía prohibida que atrapa la luz funciona como un espejo perfecto en un cierto rango, pero solo para la luz que se mueve simultáneamente en el espacio y en el tiempo.