En los primeros instantes después del Big Bang, el universo parecía un caldero hirviendo. En él, según una hipótesis, pudo nacer la materia oscura: la sustancia invisible que mantiene a las galaxias unidas. Uno de los principales candidatos para este papel es el axión, una partícula hipotética tan esquiva como una brisa.
Pero una nueva investigación muestra que el axión no se mantiene como un coro ordenado que canta al unísono. En el plasma caliente, su campo, como una melodía, se va apagando gradualmente, y en su lugar surge una cacofonía de fluctuaciones cuánticas aleatorias. Los autores del trabajo han deducido una ecuación unificada que describe cómo, en un espacio en expansión, cualquier oscilación del axión se descompone en dos partes: una onda ordenada y un conjunto caótico de partículas. Es como un rayo de luz que, al atravesar la niebla, pierde brillo y genera un resplandor difuso.
Lo más interesante ocurre con aquellos axiones que nacen del ruido. El plasma no tiene tiempo de agitar las partículas más rápidas, por lo que la "sopa" de materia oscura resultante resulta más fría de lo que cabría esperar. Sus partículas se mueven más lentamente y recorren una distancia menor antes de que el universo se vuelva transparente. Esto resuelve un viejo enigma: por qué la materia oscura no se agrupó en densos grumos en el universo temprano, sino que permaneció casi homogénea.
Resulta que la historia térmica del axión lo determina todo: cuánto hay a nuestro alrededor, a qué velocidad se mueve y qué ondulaciones ha dejado en el fondo cósmico. De un coro ordenado nace un zumbido silencioso y omnipresente: esa misma materia oscura que sostiene todo el universo visible.
El axión lleva el nombre de un detergente para ropa, porque su teoría "limpió" uno de los problemas de la física de partículas elementales.
En la novela "Spin" de Robert Wilson, la materia oscura resulta ser una red artificial, y los axiones podrían ser sus "ladrillos".