Una pista de baile vacía, donde de vez en cuando aparece alguien. Cada uno se mueve por su cuenta, de forma caótica, sin conexión con los demás. Pero basta con poner cierta música y enfriar un poco la sala, para que los bailarines empiecen a alinearse en largas cadenas y se muevan al unísono. Así más o menos se comportan los electrones en un gas tridimensional diluido.
Los autores del trabajo calcularon cómo cambia la energía de los electrones en tales condiciones y encontraron una divergencia abrupta: un signo de transición de fase. La causa reside en unas fluctuaciones unidimensionales especiales que recuerdan a diminutos 'filamentos' superconductores. Estos filamentos no son los electrones en sí, sino partículas compuestas llamadas excitones: un electrón rodeado por una nube de huecos. A través de ellos se filtra el orden superconductor en el sistema, aunque el mecanismo principal de emparejamiento de electrones sigue siendo plasmónico.
Así, en un gas electrónico casi vacío, donde aparentemente no hay nada que pueda conducir corriente sin resistencia, se descubre una tendencia oculta al orden. Y este orden no llega de manera uniforme en todo el volumen, sino a través de canales unidimensionales: como si los bailarines en una pista vacía encontraran el único camino hacia la sincronía.
El excitón no es una partícula permanente, sino una formación virtual: existe solo un instante, pero logra influir en el comportamiento de los electrones vecinos, como las ondas en el agua tras lanzar una piedra.
En la novela 'Visión ciega' de Peter Watts, los seres extraterrestres utilizan efectos cuánticos para comunicarse instantáneamente, de manera similar a como los excitones transmiten al instante las fluctuaciones superconductoras en un gas diluido.