Cuando los planetas giran alrededor del Sol, no solo siguen sus órbitas: también se atraen ligeramente entre sí. Es como un baile en el que cada pareja siente el movimiento de los demás. Los científicos decidieron averiguar cuánto cambia esta atracción mutua las trayectorias de los planetas.
Resulta que hay pequeñas correcciones que antes no se tenían en cuenta. Surgen porque la gravedad no se propaga instantáneamente, sino como la luz, a una velocidad finita. Para Júpiter y Saturno, estas correcciones son diminutas, pero con el tiempo pueden acumularse y desplazar las órbitas de forma notable.
Para los pares Mercurio–Venus y Júpiter–Saturno, los científicos calcularon cómo estas correcciones modifican la distancia entre los planetas. Los cambios resultaron ser oscilatorios: los planetas parecen balancearse ligeramente en sus órbitas. Con el tiempo, la amplitud de estas oscilaciones puede aumentar.
Esto es importante para futuras misiones espaciales: si conocemos todos los matices del movimiento planetario, podemos trazar con mayor precisión las rutas de las sondas espaciales.
La gravedad se propaga a la velocidad de la luz, unos 300 000 km/s. Por eso, cuando Júpiter atrae a Saturno, esa atracción no llega al instante, sino con un pequeño retraso.