Tres antenas de un radiotelescopio escuchan la misma galaxia lejana. La señal de cada antena tiembla debido a la atmósfera, pero si se suman las fases de las tres señales, el temblor desaparece. Queda la fase de cierre, una brújula que indica si la fuente es simétrica. Cero significa simétrica; distinto de cero, asimétrica.
Antes se detenían ahí. Pero a veces la fase de cierre salta bruscamente en π radianes. Esos saltos se consideraban interferencias. Una nueva teoría muestra que el salto ocurre cuando la señal pasa por un cero de visibilidad, un punto donde el patrón de interferencia se apaga por completo. Alrededor de ese cero, la fase se enrolla como el agua alrededor de un remolino. Es un vórtice con carga topológica.
La utilidad es directa: ahora, a partir de los saltos de fase, se pueden extraer detalles de la forma de la fuente sin reconstruir toda la imagen. Para el agujero negro M87* ya ha funcionado: la asimetría de su anillo luminoso se describe con cinco números.
El salto de fase de π al cruzar un cero de visibilidad es análogo al cambio de signo de la función de onda al rodear una singularidad en mecánica cuántica. En interferometría, ese salto es inevitable e indica un cero verdadero, no un artefacto de calibración.
La idea de usar singularidades de fase para extraer información resuena con el concepto de «defectos de fase» en la ciencia ficción, por ejemplo, en la novela «Solaris» de Stanisław Lem, donde el océano crea estructuras inaccesibles a la observación directa pero que se manifiestan mediante efectos de interferencia.