El cerebro se parece a una ciudad donde cada célula es un habitante y su destino depende de sus vecinos. Antes se pensaba que el envejecimiento de cada célula era un asunto personal: se acumulan daños en el ADN, así que la célula se desgasta por sí sola. Pero un nuevo estudio muestra que incluso la capacidad de una célula para reparar su propio ADN depende de quién vive a su lado.
Resultó que las neuronas con baja actividad de los genes de reparación del ADN (las células que más tienden a acumular daños) están rodeadas de células inmunitarias y de oligodendroglía, las células que envuelven las prolongaciones neuronales con una capa aislante. Al mismo tiempo, las células vasculares con alta actividad de reparación colindan con otras células vasculares. Es decir, un mismo estado de reparación del ADN tiene un entorno distinto según el tipo de célula. Estos patrones se reprodujeron en dos análisis independientes y eran específicos de determinadas regiones del cerebro.
Esta perspectiva puede cambiar las estrategias de intervención: en lugar de actuar sobre células individuales, quizá haya que modular comunidades celulares enteras. Pero primero hay que entender qué señales hacen que las células inmunitarias se congreguen alrededor de las neuronas con bajo nivel de reparación del ADN: ¿es una reacción protectora o un proceso patológico? Futuras investigaciones con manipulaciones genéticas ayudarán a comprobar las relaciones de causa y efecto.
La ciudad no envejece de uno en uno, sino por barrios. Y si queremos frenar el envejecimiento del cerebro, quizá convenga fijarse no en los habitantes por separado, sino en sus vecinos.
El método MERFISH permite medir a la vez la expresión de cientos de genes en miles de células sin perder su ubicación exacta en el tejido. Es como si pudieras escuchar las conversaciones de todos los habitantes de una ciudad sin sacarlos de sus casas.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.