Las células del cerebro no viven aisladas. Son como los habitantes de un mismo edificio: si los vecinos hacen ruido, a usted le cuesta más trabajar. Resulta que la capacidad de una célula de reparar su ADN (es decir, de corregir los daños que se acumulan con la edad) depende de quién vive a su lado.
Este hallazgo cambia la visión del envejecimiento cerebral. Antes se pensaba que cada célula envejecía por su cuenta. Ahora está claro: el envejecimiento es un asunto común de todo el barrio. Quizá en el futuro los medicamentos actúen no sobre células aisladas, sino sobre sus comunidades.
El método MERFISH permite medir a la vez la expresión de cientos de genes en miles de células sin perder su ubicación exacta en el tejido. Es como si pudieras escuchar las conversaciones de todos los habitantes de una ciudad sin sacarlos de sus casas.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.