
La idea de un telescopio espacial se planteó ya en los años 1940, pero el Hubble fue lanzado en 1990 a bordo del transbordador Discovery. Recibe su nombre en honor a Edwin Hubble, quien demostró la expansión del Universo. Poco después del lanzamiento se descubrió que el espejo principal tenía un defecto, y la primera misión de reparación en 1993 instaló una óptica correctora, «poniéndole gafas» al telescopio.
El Hubble funciona como un enorme cubo que recoge gotas de lluvia: su espejo cóncavo de 2,4 metros de diámetro capta la débil luz de estrellas lejanas y la dirige a sensores electrónicos. Las cámaras acumulan fotones durante horas, igual que el agua llena el cubo gota a gota.