Los cosmólogos crearon un modelo en el que la energía oscura cambia de signo: su densidad pasa suavemente de negativa a positiva. Es como un péndulo que se balanceó hacia el otro lado. Los cálculos, que tienen en cuenta las inhomogeneidades, se compararon con los datos de Planck, DESI, Pantheon+ y otros. El modelo concuerda con las observaciones y suaviza la tensión de Hubble.
En cosmología se está gestando un drama: dos instrumentos musicales principales —la orquesta del universo temprano y el conjunto de cámara del cosmos actual— interpretan la misma sinfonía de expansión a diferentes ritmos. Las mediciones de la radiación de fondo (el fondo cósmico de microondas) dan un valor de la constante de Hubble de aproximadamente 67.4 km/s por megapársec, mientras que las observaciones locales, basadas en el telescopio espacial Hubble y la calibración con cefeidas, insisten en 73.0 km/s. Esta discrepancia de más de 5σ no es una mera desafinación menor, sino una amenaza de colapso para todo el elegante panorama de ΛCDM, donde reinan la materia oscura y la constante cosmológica.
La nueva partitura, denominada ECDM, introduce un director inesperado: la energía oscura que cambia su comportamiento de atracción a repulsión. Imagine una sinfonía que comienza con un adagio sombrío: la energía oscura con signo negativo frena la expansión más que la materia ordinaria, como si el universo se abriera paso a través de una melaza viscosa. Luego, hace unos 3–4 mil millones de años, ocurre una transición suave: el signo de la densidad de energía cambia y el adagio da paso a un allegro explosivo, la expansión acelerada. Físicamente, esto se describe mediante una función error suave: \[ \rho_d(x) = \rho_{d0} \frac{\operatorname{erf}(\eta (x - x_\dagger))}{\operatorname{erf}(-\eta x_\dagger)} \] Aquí \( x = \ln a \) es el logaritmo del factor de escala, \( x_\dagger \) es el momento de la transición y \( \eta \) su rapidez. Los valores negativos de erf para \( x < x_\dagger \) producen una densidad negativa, creando una atracción gravitacional adicional; después de la transición, la densidad se vuelve positiva, causando repulsión.
La verificación del modelo requirió un análisis estadístico virtuoso. Los astrofísicos utilizaron todo el arsenal de datos: mapas de la radiación de fondo del satélite Planck y los telescopios ACT/SPT, ondas acústicas bariónicas impresas en la distribución de galaxias (sondeos DESI) y curvas de luz de supernovas de tipo Ia del catálogo Pantheon+. La dificultad radica en que en el momento de la transición la ecuación de estado diverge y las ecuaciones estándar para las perturbaciones se rompen; fue necesario desarrollar variables renormalizadas y ejecutar millones de variantes mediante el método de Montecarlo con cadenas de Markov. El resultado: para la muestra completa, la constante de Hubble resulta ser de aproximadamente 69.3 km/s/Mpc, donde la velocidad de la luz juega un papel fundamental en la determinación de distancias, significativamente más cercana a las mediciones locales, reduciendo la tensión a 2–3σ. El criterio WAIC (un análogo del criterio de información) cae en 15 unidades, mostrando una preferencia decisiva por ECDM frente a ΛCDM. Además, los datos rechazan la transición ultrarrápida, prefiriendo una suave, como un trombón que cambia gradualmente el tono, en lugar del chasquido de un interruptor.
Este trabajo no es un simple truco técnico. Cuestiona la naturaleza estática del sector oscuro y apunta a una profunda conexión con la teoría cuántica. Si la densidad de energía oscura puede cambiar de signo, su origen podrían ser campos escalares, quintaesencia o incluso el paisaje de vacíos de cuerdas, donde son posibles transiciones entre estados de diferente energía. Estas fluctuaciones podrían haber dejado una huella en el efecto de lente de la radiación de fondo y en el crecimiento de estructuras, y futuras misiones como Euclid y el Observatorio Vera Rubin permitirán ver esos rastros. Además, nos acerca a desentrañar preguntas eternas: por qué la constante cosmológica es tan pequeña, por qué hoy las densidades de materia y energía oscura casi coinciden, y si estas coincidencias están relacionadas con correlaciones cuánticas en el multiverso. En esta imagen sinfónica, apenas hemos empezado a distinguir los instrumentos y las tonalidades, pero ya está claro que la partitura es mucho más rica de lo que parecía.
La física de la energía oscura siempre ha caminado en la cuerda floja entre lo observable y lo imaginable. El nuevo modelo ECDM la transforma de un fondo estático a un actor dinámico capaz de cambiar de aspecto. La antigua disarmonía entre el cosmos temprano y el tardío, que parecía una grieta en los cimientos, bajo esta lectura se convierte en la clave de una sinfonía más profunda, donde atracción y repulsión son solo dos caras de una misma melodía. Verificar esta hipótesis requerirá observaciones de nueva generación, pero ya está claro: nuestra orquesta cósmica está afinada para el cambio, y la batuta del director quizás esté en manos de la gravedad cuántica.
🎯 En la era de la energía oscura negativa, la expansión del universo se frenó como si al cosmos le hubieran puesto un corsé gravitacional. Esta fase duró varios miles de millones de años y solo dio paso a la aceleración hace entre 3 y 4 mil millones de años, aproximadamente cuando en el Sistema Solar se estaba formando la Tierra.
🎬 El concepto de una energía oscura que cambia de signo resuena con el vuelco de las constantes físicas en la trilogía de Liu Cixin «El problema de los tres cuerpos» y con los campos temporales de «Hyperion» de Dan Simmons, donde también las fuerzas fundamentales resultan maleables y su cambio reconfigura el universo.