Dos mensajeros salen de una misma ciudad en direcciones opuestas. Una hora después, cada uno abre su sobre: en uno hay un papel con un «más», en el otro, un «menos». ¿Cómo sabían cuál les tocaría? En el mundo cuántico, a esa pareja se la llama entrelazada, y sus partículas se comportan igual: medir una determina al instante el estado de la otra, aunque las separen kilómetros.
La física estándar prohíbe las señales superlumínicas, así que las correlaciones entre partículas entrelazadas se consideran inexplicables en el espacio-tiempo habitual. El autor del nuevo trabajo propone un modelo de juguete: los dos mensajeros no se comunican directamente, sino que ambos llaman a una centralita oculta situada en una segunda dimensión temporal. La señal tarda en llegar a velocidad finita, pero para nosotros, que vivimos en un solo tiempo, la conversación parece instantánea.
El modelo reproduce las correlaciones estándar de una pareja entrelazada: si una partícula colapsa al estado «más», la otra lo hace al «menos». La predicción clave es la aparición de correlaciones similares entre partículas de parejas distintas cuando sus detectores están más cerca entre sí que de sus respectivas parejas. Esto puede comprobarse midiendo el parámetro S en la desigualdad de Bell: para partículas independientes no debe superar 2, mientras que el modelo admite hasta 2√2 ≈ 2.828.
El trabajo se distingue de enfoques vecinos porque, en lugar de dimensiones espaciales adicionales o señales superlumínicas, utiliza un tiempo adicional. Esto permite preservar la causalidad y, a la vez, ofrecer un «mecanismo» para las correlaciones. Si el experimento confirma la hipótesis, la información adquiriría un estatus ontológico, como sugería Wheeler. En caso contrario, se establecería una nueva prohibición que limitaría los modelos con tiempo adicional.
Por ahora es conocimiento puro, sin aplicaciones a la vista. Pero dos mensajeros con sobres ya no son solo un truco: son un posible rastro de un túnel oculto por el que la naturaleza transmite mensajes más rápido de lo que alcanzamos a ver.
Las dimensiones temporales adicionales suelen evitarse por la 'paradoja del abuelo': los viajes en el tiempo podrían permitir matar a un antepasado. El autor la evita suponiendo que solo el campo subcuántico vive en dos tiempos, mientras que las partículas permanecen en uno solo.