El clima se parece a una orquesta. Tiene sus propios ritmos naturales, como las partes de violines y vientos. A veces, sonidos bruscos irrumpen en la música: una ráfaga de viento repentina o un aguacero intenso. Antes, los científicos solo sabían predecir cómo respondería el sistema a cambios graduales, mientras que los sonidos bruscos seguían siendo un misterio.
Ahora han surgido fórmulas que ayudan a entender la reacción ante cualquier empujón brusco. La idea es sencilla: descomponer la respuesta en los mismos ritmos que suenan en estado de calma. Así, la reacción a una perturbación se convierte en una melodía conocida, no en una cacofonía.
La prueba con otro modelo climático mostró que los cálculos coinciden con la realidad, aunque requieren más computación. Pero ahora es posible evaluar cómo responderá el clima ante eventos extremos y prepararse mejor para ellos.
El método de Ulam, utilizado para estimar los modos, fue propuesto originalmente por Stanislaw Ulam en la década de 1960 para estudiar propiedades ergódicas de sistemas dinámicos, y ahora ayuda a analizar modelos climáticos con saltos.