Los sistemas cuánticos no hermíticos (donde los estados pierden la normalización) se han estudiado en busca de ventajas computacionales. Resultó que, con costes polinómicos, son capaces de realizar postselección — elegir resultados extremadamente improbables—, lo que equivale a la clase PP y se considera irrealizable. Es como si una brújula común, de repente, señalara un tesoro enterrado. Por tanto, una ventaja real y escalable es dudosa. También se demostró que si el modelo «purificado» pertenece a una clase eficientemente simulable (por ejemplo, circuitos de Clifford), añadir no hermiticidad no proporciona ninguna ganancia.
Los ordenadores cuánticos bailan un vals reversible: paso adelante, paso atrás, y el sistema vuelve al punto de partida. Pero en algunos procesos, el bailarín desaparece en la oscuridad sin retorno. Estos pasos irreversibles añaden al sistema entropía, la medida del desorden irreversible. Si un ordenador cuántico pudiera ejecutar fácilmente tales piruetas, resolvería problemas que a las máquinas convencionales les llevaría una eternidad. Esto violaría todas las reglas conocidas de la complejidad computacional. Sin embargo, la misma lógica sugiere: no hay atajos. Sorprendentemente, una pérdida de información similar e irreversible ocurre en los agujeros negros, y este enigma obligó a Hawking a reconsiderar sus propias ideas. La naturaleza no tolera la omnipotencia, ni siquiera en el mundo cuántico.
🎯 La reversibilidad de los cálculos en el mundo cuántico no es un capricho, sino una consecuencia de la ley de conservación de la energía, un principio que funciona desde las máquinas de vapor hasta nuestros días.