Físicos que utilizan cúbits superconductores (transmons) han creado un «anticúbit», un sistema cuántico que, al igual que un positrón, evoluciona hacia atrás en el tiempo. Esto permitió revertir los efectos del entorno. Al entrelazar el cúbit y el anticúbit, los científicos lograron la máxima sensibilidad para medir un campo desconocido: el sensor extrae toda la información de Fisher disponible en cada uso. El resultado ha sido confirmado tanto teórica como experimentalmente. Así, la idea de la antimateria abre el camino hacia sensores cuánticos mejorados.
En el cine, el rebobinado de una película une una taza rota. Los físicos hicieron que un cúbit —un interruptor cuántico— viviera su evolución exactamente igual, de final a principio. Este «anticubit» se comporta como un positrón, que Paul Dirac predijo, y Richard Feynman describió como un electrón que viaja hacia atrás en el tiempo. La base es el modelo estándar de partículas y el papel omnipresente de la velocidad de la luz.
El desarrollo inverso borra cualquier perturbación aleatoria del entorno, como un borrador cuántico. Si se entrelaza el anticubit con uno normal (el entrelazamiento es una conexión invisible en la que los compañeros se sienten mutuamente al instante), se obtiene un sensor. Este capta no solo la fuerza, sino también la dirección oculta del campo magnético más débil, extrayendo toda la información posible hasta la última gota. Lo más sorprendente: la idea del tiempo inverso, considerada hasta ahora solo un truco matemático, funciona aquí físicamente por primera vez.
🎯 Los positrones no solo están en las fórmulas: se usan a diario en escáneres PET para resaltar tumores cancerosos.
🎬 A los escritores de ciencia ficción les encantan las tramas con tiempo invertido, pero los científicos han convertido esta idea en una herramienta práctica para mediciones cuánticas perfectas.