Por primera vez, los científicos vieron cómo nace el caos en los dispositivos cuánticos. Resultó que el ruido, que siempre se consideró una molestia, crea por sí mismo un comportamiento complejo e impredecible, como el viento que transforma la superficie lisa de un lago en olas desordenadas. ¿Podría este caos 'incorporado' convertirse en una herramienta para nuevos descubrimientos?
Los niveles de energía de un sistema cuántico se pueden imaginar como personas que intentan mantener la distancia. En el modo ordenado se apiñan de forma predecible, pero basta con añadir caos — y se dispersan en círculo, formando una «rosquilla»: un anillo denso con un vacío en el centro. Justo esa imagen vieron por primera vez los físicos al ejecutar en un chip cuántico dos programas: uno ordenado y otro caótico. Mediante espectroscopía (escuchar las «notas» de los átomos) midieron las distancias entre los niveles. En el caso caótico, estos mantenían efectivamente una distancia respetuosa, creando la figura de la rosquilla. Pero el principal descubrimiento ocurrió cuando se alargó el programa ordenado: el ruido interno del chip — una fuga de energía que provoca un aumento de la entropía — convirtió por sí mismo el orden en caos. Resultó que incluso las pequeñas imperfecciones, consideradas un estorbo para los cálculos, convierten cualquier procesador cuántico en un laboratorio listo para estudiar el caos. Como ya señaló Richard Feynman y desarrolló David Deutsch, los ordenadores cuánticos son capaces de modelar estos efectos sutiles, no descritos por el simple modelo estándar de sistemas aislados.
🎯 Pequeñas pérdidas de energía, como en una taza de café o en el mercado de divisas, pueden generar caos — justo lo que mostró el chip cuántico.
🎬 En la serie «Devs» un ordenador cuántico predice el futuro mediante el caos determinista; los chips reales son aún más caprichosos — el ruido lo emborrona todo.