El agua es el estándar de oro de la vida. Buscamos sus huellas en Marte, en lunas heladas, en las atmósferas de planetas lejanos. Pero, ¿y si la vida no necesita agua? En un exoplaneta rocoso y cálido con una atmósfera delgada, el agua se evaporaría en cuestión de horas. En cambio, un líquido iónico (una sal que es líquida a temperaturas ordinarias) permanecería. Es como una sopa química que no se evapora.
En el laboratorio, los científicos reprodujeron condiciones planetarias: mezclaron ácido sulfúrico con materia orgánica nitrogenada (aminoácidos, bases nitrogenadas, aminas) y dejaron que el exceso de ácido se evaporara en una cámara de vacío a una temperatura de unos 100 °C y una presión de 10⁻⁵ bares. El resultado fueron líquidos iónicos con anión hidrogenosulfato (la parte cargada negativamente del ácido sulfúrico) y un catión orgánico protonado. Se formaron para los 20 aminoácidos biogénicos y muchos otros compuestos. Las temperaturas de descomposición oscilan entre 180 °C y 346 °C, una estabilidad suficiente para la superficie de un típico exoplaneta cálido.
Antes se consideraba que los líquidos iónicos eran sustancias puramente sintéticas, y nadie los contemplaba como un posible disolvente natural para la vida. Ahora se ha demostrado que se forman fácilmente a partir de sustancias presentes en muchos cuerpos del sistema solar. Esta es la primera demostración experimental de que la superficie de un planeta puede permanecer "húmeda", pero no con agua, sino con líquido iónico. Aún no se vislumbran aplicaciones prácticas en la Tierra, pero los resultados podrían orientar futuras búsquedas de biosfirmas: si sabemos que los líquidos iónicos pueden sustentar la química de la vida, podemos buscar sus huellas en los espectros de los exoplanetas.
Esta perspectiva abre nuevos horizontes. El siguiente paso es investigar la resistencia de los líquidos iónicos a la radiación ultravioleta y a los rayos cósmicos, buscar otros posibles aniones y cationes, y modelar las condiciones en las que tales líquidos se acumularían en cantidades significativas. La cuestión de si pueden sustentar redes metabólicas análogas a las terrestres sigue abierta. Pero ya está claro: la vida puede no ser solo acuática. Los líquidos iónicos son una sopa química que no se evapora y, quizás, en ella se origine la vida en otros mundos.
El único caso natural conocido de formación de un líquido iónico en la Tierra es la desintoxicación del veneno de la hormiga de fuego por la hormiga Nylanderia fulva: sus venenos se mezclan y forman un líquido iónico viscoso y no tóxico.
La idea de vida en disolventes no acuosos resuena con la novela de Isaac Asimov «Los propios dioses», donde se describen seres que viven en un entorno con una química completamente distinta a la terrestre.