Cristales de tiempo: cadenas de imanes que oscilan el doble de lento de lo que los empujan. Resulta que pueden convertirse en baterías cuánticas ideales: la reserva de energía crece más rápido con el número de eslabones. Y como sensores, baten récords de precisión, superando el límite cuántico.
🎯 Cien columpios enlazados detectan un cambio en los empujones diez mil veces más preciso que uno solo, como si un equipo multiplicara por diez la fuerza de cada jugador.