Los astrónomos miraron hacia el pasado lejano y vieron cómo nace una galaxia gigante. En su centro, corrientes de gas expulsadas por colisiones se desgarran en grumos, parecidos a cuentas en un hilo. Este descubrimiento muestra que las galaxias más grandes del Universo pudieron formarse rápida y violentamente. ¿Qué más nos contarán estas cuentas cósmicas?
Tres gigantescas galaxias colisionan, y el impacto lanza el gas al espacio. Pero no se dispersa sin dejar rastro: se comprime en grumos, como cuentas de un collar cósmico, ensartadas en un hilo invisible a lo largo de miles de años luz. La luz de estas cuentas proviene de átomos de carbono, calentados por ondas de choque, como el aire frente a un avión supersónico, pero a escala galáctica.
Es sorprendente que el gas permanezca más frío que el hielo en la Tierra (menos 243°C), pero brille debido al intenso calentamiento por la colisión. En este collar nacen estrellas a un ritmo frenético: cada año surgen miles de nuevos soles, mientras que nuestra Vía Láctea apenas crea un par. La espectroscopía —descomponer la luz en colores— permite asomarnos a estos procesos, y las observaciones se realizan en longitudes de onda donde brillan el frío polvo cósmico y el gas.
Tal cataclismo no es caos, sino construcción: a partir de estas cuentas se forman más tarde gigantescas galaxias elípticas, las más masivas del universo.
🎯 Las 'cuentas' de gas solo se calientan hasta -243°C, 20 grados más frío que la superficie de Plutón. Pero gracias a las ondas de choque brillan tanto que pueden verse a miles de millones de años luz.